sábado, 28 de mayo de 2011

Permanentes palabras que no lleva el viento...

Saludos lectores,

La indignación, la rabia y la impotencia corren por mis venas. No puedo más que desesperarme frente las grandes muestras de violencia que han ocurrido recientemente en Barcelona. Multitud de personas sentadas en Plaza Catalunya, posicionándose pacífica pero firmemente en sus principios. Algunos incluso imitando la revolución de los claveles, sentados, los brazos en alto, flor en mano. ¡Ilusos! Aquí las flores se castigan con porras. Por orden de arriba, por orden del mismo Conseller d'Interior que después de los hechos aún es capaz de autojustificarse diciendo que no cree que la respuesta de la policía haya sido excesiva. Pero nosotros sabemos que hoy vivimos en la era de la tecnología y no, no se nos engaña porque tenemos imágenes que valen más que sus palabras.

Partícipes del movimiento y afines a los acampados hemos decidido hacer nuestro el verso de Blas de Otero y como él proclamar que pese a todo, nos queda la palabra. La base es mandar cartas al director, bombardear todos los medios con nuestra opinión. Una lucha pacífica, racional, golpeando mientras se esquivan los golpes.

Aquí el poema de Blas de Otero, En el principio del libro Pido la Paz y la Palabra de 1955:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

domingo, 22 de mayo de 2011

Ratonlandia

Saludos lectores,

Hoy no puedo hablar de otra cosa que no sea de la fábula de Thomas Douglas, Ratonlandia (o Tierra de Ratones). Así, de forma rápida y concisa Thomas Douglas fue un pastor Bautista nacido en Escocia, más tarde se mudó a Canadá donde condujo el primer gobierno Socialista y donde introdujo el sistema de salud público canadiense. El caso es que entre sus incontables labores políticas también tiene una vertiente artística que se refleja en el discurso que dio en 1962 en forma de fábula de la que inevitablemente hablamos hoy, "Ratonlandia" (Mouseland de título original).

Para no daros demasiado la brasa con mis ideas sobre el tema, me voy a limitar a dejaros aquí el discurso subtitulado en español para que juzguéis vosotros mismos y lo extrapoléis como creáis conveniente al día de hoy:



Y ya, sin más preámbulos instaros a que vayas a votar.

viernes, 8 de abril de 2011

¿Y porqué no?

Corría el año 1919, aparentemente todo seguía igual. Era un mes de Junio similar a todos los veranos transcurridos hasta entonces, hacía calor y nadie se aventuraba a pasear por las calles durante el mediodía. Precisamente por eso Miquel había escogido esas horas para deambular por el barrio, sintiéndose solo, desamparado y exigiéndose ánimos para seguir adelante, obligado a creer en un futuro cuando el presente era tan turbio que no tenía fuerzas ni para dormir. Caminaba sin ver, los ojos clavados en el suelo, esquivando la compasión de sus vecinos. Odiaba su barrio, su casa, su calle, sus vecinos, todo aquello que le recordaba su vida anterior, la felicidad, la familia. Ya no podía hablar con nadie, solo inspiraba pena, todos hablaban para castigarle haciéndole revivir su mala suerte, hurgando en su dolor, recordándole los detalles más insignificantes del pasado que, ahora, al no tenerlos le arrancaban gruesas lágrimas melancólicas de unos ojos que parecían incapaces de secarse. Era él, era su vida, y no podía soportar otra mirada de piedad, ni más cuchicheos condolientes, ni palabras esperanzadoras, ni entrever por el rabillo del ojo viejas mujeres santiguándose cada vez que pasaba cerca de ellas. Por eso paseaba cuando no había nadie, cuando el calor era insoportable o cuando la noche era tan oscura que era imposible diferenciar una figura de otra. A pesar del cambio drástico que había experimentado su vida jamás podría cambiar de barrio, ni de calle, ni de casa. Todos y cada uno de los rincones contenían momentos valiosísimos, esa era su vida lo de ahora una insufrible prolongación que no se atrevía a interrumpir porque sabía que allí, en uno de los hospitales cercanos al mar, necesitaban su dinero para seguir con el tratamiento. Esa certeza era lo único que le mantenía en pie, eso y las pocas cartas que llegaban a sus manos. La incomunicación a la que los médicos las sometían repercutía en sus huesos, del mismo modo que el sufrimiento de no ser él quien padeciese aquella enfermedad.

Había despedido a Leo. De vez en cuando se lamentaba de ello pues era rigurosa y precisa en todo y su presencia había llegado a hacerse indispensable en la casa. No encontró ninguna razón coherente para echarla e intuyó que la verdad sería más digerible para ella que cualquier reproche infundado. Le dijo que no podía soportar más sus ojos llorosos ni el lamento perpetuo que asomaba en sus labios, que él se estaba volviendo intratable, ermitaño, extraño e insensible hacia los demás, que la apreciaba demasiado como para someterla a la tortura de convivir en aquella casa con un ser que tarde o temprano dejaría de poseer la poca humanidad que le quedaba, que le pagaba dos meses por adelantado y que, si llegaban a arreglarse las cosas, la volvería a llamar enseguida. Leo no aceptó el dinero, tampoco entendió muy bien las razones de Miquel pero le tranquilizó diciendo que ella se iba a casa de Alfonso, el hijo del carnicero, y que no tenía ningún tipo de deuda con ella, pues se iba a casar y pronto fundaría una familia. Sin embargo él se quedó intranquilo sumando su inquietud por, quizá, haber destrozado la vida a aquella muchacha a la interminable lista de dolores y cargas que soportaba su espíritu.

Por las noches daba vueltas en la fría cama intentando dormir sin conseguirlo. Notaba en cada músculo de su cuerpo el cansancio acumulado de las largas caminatas por las tardes. Se descubría reviviendo mentalmente su primer viaje juntos, deseando encontrarse a su lado de nuevo, volver a dormir abrazados y despertarla por las mañanas con sus besos.

...

lunes, 14 de marzo de 2011

Tarjeta postal

Un pequeño tesoro rescatado de un mercadillo en el puerto de Barcelona:



Postal 1: 11 de Abril de 1919 a Dolores Torres de Sala.

A su gentilísima y saladísima mujer, la más hermosa de todas las mujeres. La felicita en el día de su santo su marido que la quiere con toda el alma.
Miguel Sala

Postal 2: Marzo de 1919 a Miguel Sala

Querido Miguel,
Recibí con tardanza tus felicitaciones, aún así las agradezco. No te digo el número de la nueva celda porque hasta las cuatro no me la daran. La nena está muy contenta, no ha tosido hasta ahora y parece que el tratamiento le probará.
Recuerdos para la tía y no te entristezcas.
Tu esposa que te quiere, Dolores Torres de Sala

Así, como lo ven encontradas recientemente unas postales de 1919 que se responden entre si...