miércoles, 8 de octubre de 2008

Y allá a su frente Estambul

Saludos lectores,

Rompiendo con la temática de las tres últimas entradas así como con la línea de éste blog de comentar libros o autores que me han impresionado por alguna razón, esta entrada va dedicada a un libro que a pesar de ser bueno me ha decepcionado un poco. Leyéndo Estambul de Orhan Pamuk me ha venido a la mente el viaje a Turquía que hice cuando no tendría más de doce años. Aún así recuerdo con precisión diversas imágenes y algunas anécdotas que me ocurrieron en esta ciudad. Por ejemplo, soy incapaz de desprender Estambul de la Canción del Pirata de Espronceda, y todo porque cuando estábamos contemplando el Cuerno de Oro un atardecer de ese agosto mi padrino tuvo a bien recitarla con voz potente, lanzando las palabras al viento. Y ahora estoy condenada a leer u oír la poesía y que invariablemente en mi mente aparezca una vívida estampa de las aguas del Bósforo doradas por la luz del sol recortando la silueta de Estambul a ambos lados del puente…

Ya hablé en una de mis primeras entradas sobre la maravillosa novela Nieve del mismo autor y esperaba encontrar en Estambul algo similar. Pero al encontrarme frente la indefinible quinta obra de Pamuk el primer sentimiento que se apoderó de mi fue el desencanto, y es que ahora entiendo que nada puede parecerse a Nieve. Con esto no quiero decir que Estambul no merezca la pena, pero si que a quien no haya tenido la suerte de visitar esta ciudad puede parecerle un libro un tanto duro. En Estambul, Pamuk ofrece al lector una mezcla de vivencias personales de su niñez y parte de juventud (hasta los 20 años), divagaciones sobre sus pensamientos de antes y sus pensamientos de ahora así como un ensayo sobre la ciudad de Estambul y sus habitantes. Todo ilustrado con fotografías de su propia familia, fotografías tomadas por el mismo, imágenes de películas estambulíes y típicas imágenes del Estambul de antes y del de ahora, con pinturas, grabados e incluso con fragmentos de artículos periodísticos, cartas o entrevistas. También se puede encontrar algún que otro capítulo dedicado a un sentimiento, por ejemplo hay un capítulo entero que se titula “Amargura” dónde habla sobre la melancolía y la amargura compartida por todos los estambulíes al darse cuenta que son los vestigios de un gran imperio caído e incontables alusiones, críticas, o simplemente comentarios, sobre varios escritores estambulies que quedaron deslumbrados por lo “moderno” de occidente pero que jamás podrán renunciar a la impregnación de la cultura islámica fruto de sus vivencias durante muchos años en la ciudad de Estambul. Pero al fin y al cabo, Estambul es un viaje por sus recuerdos y por las calles y callejuelas de su ciudad, leyéndolo he recordado muchas cosas que ya creía olvidadas sobre mi viaje a Estambul, e incluso me ha empujado a releer mi diario de viaje, pero tengo que ser sincera y decir que al iniciarlo me esperaba una cosa completamente distinta y, porqué negarlo, mejor. Por eso insisto en que creo que es importante haber estado alguna vez en Estambul para apreciar un poco más el libro, aunque quizá simplemente diga esto porque Nieve me ha cegado…

Supongo que tendré que hacerme con otro libro de Pamuk para seguir comparando… Pero recordad que esta únicamente es mi opinión, igual alguno de vosotros ha leído o lee Estambul y acaba pensando que es una gran obra merecedora, sin duda, del premio Nobel.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Dune, en toda su gloria

Saludos lectores,

Parece que este va a ser el mes de la Ciencia Ficción… Releyendo mis dos últimas entradas me he dado cuenta que mi amor propio queda herido si no hablo aquí y ahora de Frank Herbert y su obra. En concreto voy a hablar de la saga de Dune, pero únicamente en general y sobre los tres primeros libros. Pues de todos los siguientes únicamente dos más han estado escritos por él, el resto han sido escritos por el hijo del autor que queriendo imitar su estilo lo ha degenerado estrepitosamente. Es a causa de estas innumerables secuelas y precuelas que en muchos círculos es una trilogía no demasiado bien considerada, y digo trilogía porque yo, con toda mi rebosante parcialidad, considero que la obra se inicia con la vida de Paul Atreides y debe concluir con su muerte, pues no en vano es el Muad’Dib, Usul el alma de Dune… De modo que aviso de antemano que, igual por ser una de las primeras trilogías de éste género que como vulgarmente se dice “me enganchó”, soy bastante susceptible en cuanto a Dune se refiere e incomprensiblemente una parte de mi identifica la trilogía con mi adolescencia, es decir, con parte de mi vida.

La mayor parte de la trama sucede en Arrakis, un lejano planeta de otro sistema solar conocido también como Dune, pese a ser un enorme desierto prácticamente inhabitable se trata de un planeta fundamental para el Imperio Galáctico ya que es la única fuente natural de Melange, la especia. La especia lo es todo, se trata de una droga geriátrica que da al consumidor una larga esperanza de vida, gran vitalidad y conocimiento. En cierto modo puede ser algo similar al hongo visionario que usan los Palaneses en La Isla de Huxley. Dicha especia en determinados sujetos especiales puede desatar poderes oculares de visión, conocidos como la presencia. Pero como todas las drogas tiene sus efectos secundarios, una gran dependencia de ella y el azulamiento de los ojos. Paul Atreides, único descendiente perteneciente a una de las casas de la nobleza, es desterrado junto a Jessica, su madre, una bellísima Bene-Gesserit (mujeres sacerdotisas poseedoras de la presencia y pertenecientes a una secta obsesionada con conseguir los mejores genes de todo el Imperio para dar a luz al Mesías, al hombre perfecto que conducirá al Imperio hacia la estabilidad) en la inmensidad del desierto de Dune dónde habitan los terribles Gusanos de Arena que se guían por las vibraciones de la tierra. Dune es la historia de Paul y Jessica y la conversión de ambos en parte del pueblo Fremen. Los Fremen son nómadas del desierto, provienen de la fusión de refugiados de un campo de esclavos y de una serie nativos rebeldes de Arraquis. Fueron relegados a la parte más inhóspita del planeta por ser reacios a comerciar con la especia por motivos político-religiosos. Liderados por Slim “jinete de gusanos” lograron desarrollar unas capacidades extremas de supervivencia y lucha comparables o superiores a cualquier delegación del ejército imperial. Ahora ellos son los encargados de proteger al Muad’Dib, el Mesías de Dune, en su lucha contra el Imperio para conseguir hacer de Dune un lugar más hospitalario para los seres humanos e incluso ver el verde de las plantas y notar la lluvia que cae del cielo.

Dune popularizó en Ciencia Ficción el tema de la ecología, aunque además esta novela habla sobre la supervivencia humana, el poder de adaptación, la evolución y la interacción entre el poder, la política y la religión.

martes, 16 de septiembre de 2008

Bradbury y la Ciencia Ficción

Saludos lectores,

Al hablar de Ciencia Ficción hay varios nombres que no se pueden pasar por alto, uno de ellos es, sin duda, Ray Bradbury cuyo recorrido por este campo es extensísimo así como de gran calidad. Aunque él mismo no estaría contento con esta calificación de su obra, pues aseguraba ser escritor de fantasía y haber escrito únicamente una novela de ciencia ficción; Fahrenheit 451. En su juventud Bradbury fue un ávido lector y un escritor aficionado, al no poder ir a la universidad por razones económicas realizó su formación autodidácticamente, con la ayuda de libros para escritores aficionados. Tengo que ser sincera y mencionar que las únicas dos obras que he leído de este autor y que ahora mismo me miran con nostalgia desde la desordenada estantería de mi habitación son la recopilación de cuentos Crónicas Marcianas y la novela, ya mencionada, Fahrenheit 451. Bradbury se consideraba a sí mismo como un narrador de cuentos con propósitos morales y defendía que su mayor ambición era crear en el lector una desconcertante sensación de angustia al inculcarle su firme convicción de que el destino de la humanidad es recorrer espacios infinitos y padecer cantidad de sufrimientos para acabar con la humilde contemplación de su fin. Debido a que Crónicas Marcianas es una recopilación de cuentos y, para comentarlo como se merece debería extenderme demasiado hablando de cada cuento, he decidido utilizar esta entrada para únicamente hablar de la Ciencia Ficción de Bradbury.

Fue en mi época de mayor amor hacia este género cuando, para mi decimotercero cumpleaños, me regalaron Fahrenheit 451. Lo que más me sorprendió al principio fue que Guy Montang, el protagonista, era un bombero que en vez de apagar fuegos los provocaba, que sencillamente se dedicaba a quemar libros. La trama se desenvuelve en una sociedad dónde el gobierno tiene la convicción de que leer impide ser felices a los hombres, porque les llena de angustia y, al leer, algunos comienzan a tener entendimiento empezando a ser diferentes de los otros cuando, a sus ojos, todos deben ser iguales. El gobierno usando a los bomberos como controladores de la lectura, enviándolos a quemar casas dónde haya indicios de bibliotecas, se jacta de velar por la igualdad y la felicidad de los ciudadanos, creyendo que así no podrán cuestionar sus acciones y rendirán más y mejor en sus labores. Montang, que no es más que un bombero modelo, conoce a Clarisse McClellan, una vecina suya de 17 años tachada de “antisocial” por formular preguntas incómodas. En un principio, Montang la cree loca pero tras varias conversaciones con ella se da cuenta que no todo lo que dice carece de sentido y, en cierto modo, Clarisse acaba por convertirse en su guía, inculcándole la duda existencial sobre su verdadera felicidad a la vez que una creciente curiosidad por saber qué es aquello que se dedica a erradicar; los libros. Tras el aparente accidente de Clarisse la curiosidad de Montang crece enormemente, hasta que es vencido por ella el mismo día en que recibe un aviso de quemar la casa de una mujer anciana poseedora de una enorme biblioteca. Al llegar allí, la mujer se niega a abandonar la casa, alegando que sus ideales están en sus libros, que sus libros están en la casa e implorando a la humanidad perdida del gobierno es ella misma la que prende fuego a su casa y a su biblioteca ardiendo ella misma como bonzo. Tras esta muestra de una postura “antisocial” tan firme y clara, Montang queda impresionado de tal manera que acaba por convencerse de la falsedad de las palabras que su jefe recita “los libros solo sirven para hacer sentir mal a la gente”. Es en ese momento cuando Montang se hace con su primer libro, cuando la curiosidad puede con la ignorancia y ese es el momento crucial de la novela, el inicio de una larga colección de libros que culmina con la adquisición de un ejemplar de la Biblia.

Es cuando conoce a Faber, un ex profesor de literatura, que Montang decide iniciar una lucha contra el sistema con la finalidad de hacer prevalecer el conocimiento sobre la ignorancia. Pero a pesar de todo, él sigue trabajando como bombero para no levantar sospechas y sigue quemando casas, quemando libros y acudiendo a avisos. Es en uno de esos avisos cuando se encuentra frente a su propia casa, viéndose presionado a actuar en consecuencia. Por su parte, Mildred, su esposa, es una mujer bobalicona a quien únicamente le interesa “la familia” denominando así a las tres paredes-televisor que forman parte de su salón. Mildred, incapaz de comprender las inquietudes y las nuevas ideas de su marido, acaba confesando que ha sido ella quien le ha denunciado a las autoridades y confusa y avergonzada se marcha de su lado. Abandonado, y solo por su causa, Montang, se ve con la obligación de quemar su propia casa llegando a un nerviosismo tal que le hace actuar sin premeditación matando a su jefe y generando una persecución por todo lo largo y ancho del país…

Vista mi gran afición por pormenorizar todos y cada uno de los detalles de los argumentos de los libros he tenido que autocensurarme para no desvelar el fabuloso final de esta novela. He pensado que tengo que ser sincera conmigo misma y retrotraerme a los tiempos de mi primera lectura de Fahrenheit 451, cuando descubrí que esa era la temperatura a la que ardía el papel y que la Ciencia Ficción podía ser tan fantasiosa como espantosa la realidad, y solo entonces comprendo que si me hubiesen dicho el final de esta novela habría perdido la mayor parte del encanto del haberla leído.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Un poco de Huxley

Saludos lectores,

Habiendo recibido ya varias peticiones proponiéndome que hablase un poco de Ciencia Ficción decidí acatar, al fin, sus deseos e iniciar una entrada para su gusto y satisfacción. Estuve un tiempo pensando sobre qué o quién escribir, hasta que Aldous Huxley se apareció en mi cerebro como una auténtica revelación. ¿Qué sería de la Ciencia Ficción sin Huxley? De todos modos, no puedo proclamarme como una gran entendida en Huxley, puesto que solo he leído tres libros de su extensísima obra; Un mundo feliz, La isla y Contrapunto, mi entrada puede ser poco rigurosa y, en cierto modo, incorrecta así que me disculpo de antemano y os insto a que la complementéis del modo que más os guste haciéndome saber mis posibles fallos e incluso hablando de cualquier otra novela, cuento o ensayo del mismo autor.

Para empezar quiero hacer constar la gran intelectualidad que rodeó a Huxley desde su más tierna infancia, su abuelo fue el gran biólogo Tomas Henry Huxley y su padre, también biólogo, Leonard Huxley que dirigió una célebre revista científica. Ellos dos fueron los culpables del acusado conocimiento científico que adquirió Aldous Huxley al iniciar sus estudios en el laboratorio de su padre. Conocimiento que se encargó de hacerlo patente en su obra, como una parte de él, dotando a sus libros de un realismo casi incomparable con el resto de obras del mismo género. Su madre, Julia Arnold, fue una de las pioneras mujeres estudiantes de Oxford además de ser sobrina del poeta Matthew Arnold y hermana de la novelista Humphry Ward. Con esto quiero remarcar que durante prácticamente toda su vida, Huxley se vio rodeado de grandes cerebros científicos a la par que de grandes cerebros con dotes literarias. Fue una suerte que ambas familias se juntasen e inculcasen su arte y su ciencia en su prole, habiendo así regalado al mundo, al menos, tres personas indispensables; Julian Huxley; eminente biólogo y primer director de la UNESCO, Andrew Huxley; premio Nobel de Medicina y por último de quién estamos hablando hoy en día: Aldous Huxley, célebre escritor reconocido mundialmente.

Tras haber mostrado unas pocas pinceladas sobre la situación familiar de Huxley voy a proseguir hablando de los tres títulos que he leído de este autor. El primero que llegó a mis manos, como siempre, a través de la librería de mi padre fue el fabuloso Un mundo feliz. Bernard Marx y Lenina Crowne son los dos protagonistas, sus nombres hacen alusión a Karl Marx fundador del comunismo y al líder soviético Lenin. Huxley crea una humanidad desenfadada, totalmente saludable, rodeada de alta tecnología. Una sociedad separada en las más brutales de las castas, sin ningún tipo de problemas ya que desde niños han sido subyugados para estar conformes con su vida, con su casta y con sus obligaciones. Una sociedad casi sin complejos, pues todos y cada uno de ellos están enganchados, sin ningún tipo de contemplaciones, a la legalizada droga del Soma, que anula los sentimientos de la vergüenza y te hace creer capaz de aquello que deseas hacer apoderándose de ti un embriagador sentimiento de felicidad. Bernard Marx es un miembro de la casta superior de los Alfa, pero rechazado socialmente por no tomar Soma y por ser más bajo que los demás debido a un supuesto fallo en su gestación. Bernard pese a pertenecer al a casta superior no esta contento con su vida y discrepa de la sociedad en la que vive, es una pequeña amenaza para el sistema de quien todo el mundo se burla a sus espaldas. Sin embargo Lenina Crowne, una empleada del laboratorio en el criadero central de Londres (lugar dónde mediante fecundación artificial y una serie de tratamientos varios y diversos acaban dictaminando la casta y el trabajo de cada uno) es la mismísima imagen de la sociedad de la época. Atractiva, elegante, promiscua, feliz consigo misma y casi sin pensamientos propios pues su visión de la vida no es más que la que le han inculcado desde su más tierna infancia. Ambos se ven obligados a hacer un viaje de negocios, tienen que visitar una reserva de lo que llaman “sociedad antigua”. Allí se tropiezan con Linda, una descarriada Beta que por error se quedó en la reserva y acabó concibiendo a un hijo; John. Mientras que Lenina se queda escandalizada al ver esa sociedad completamente contraria a la suya própia y completamente horrorizada al descubrir el escandaloso caso de Linda y su hijo John, Bernard se queda anonadado al escuchar a John recitando la obra de Shakespeare (prohibida en la sociedad Fordiana), ve en esa sociedad antigua una sociedad mejor, una maravilla ante sus ojos. Más tarde acaba por descubrirse que el padre de John no es otro que el mismísimo jefe de Bernard, así se acaban por plantear los diversos problemas de esa sociedad aparentemente perfecta. Para asegurar una felicidad continua y universal, la sociedad debe ser manipulada, la libertad de elección y la expresión tienen que ser mutiladas incluso el ejercicio intelectual debe ser arraigado así como la expresión emocional. Los ciudadanos son felices, pero gozan de una felicidad artificial puesto que el dolor y la angustia son una parte tan necesaria de la vida como la alegría y la felicidad, sin ellos dos para comparar, la alegría pierde todo su significado y su sentido de ser.

Por otro lado, La isla fue el último libro que escribió antes de morir y parece ser que la visión de la sociedad perfecta de Huxley cambió drásticamente. Podría decirse que La Isla es la contra-cara de Un mundo feliz. Aquí Huxley describe un mundo consumista y dominado por las multinacionales, a la vez que enfrentado por una guerra de dominación suprema que, en definitiva, no hace otra cosa que sumir al mundo en el caos. La acción en si, se inicia cuando un periodista con aires de poeta que viene del mundo denominado “neurótico” aterriza en la pequeña isla de Pala, que se encuentra completamente aislada del resto del mundo y goza de una cultura pura y propia. Dicha cultura nace fruto de la unión de la cultura profesada por un doctor escocés quien la comparte con el Rajá budista de Pala uniendo lo que según Huxley acaba por ser lo mejor de oriente y occidente. Como todas las culturas, ésta, tiene un libro principal, se trata de un libro filosófico que posee el Rajá dónde se explican las bases filosóficas de Pala. Aquí ya no existe el Soma, droga de la felicidad, los palaneses utilizan un hongo visionario que les otorga el conocimiento trascendente así como una paz de espíritu que está ausente en el resto del planeta. Lo más sorprendente de La isla frente a Un mundo feliz es que los habitantes de Pala rechazan totalmente la industrialización, pretenden poder dar una parte de su tiempo al trabajo así como otra a la vida y a la contemplación. Su mundo gira en torno a una selección de la tecnología avanzada, se trata del equilibrio de la ciencia moderna y la espiritualidad. Ellos gozan del perfeccionamiento de la ciencia moderna para mejorar la medicina y la nutrición, pero sin embargo rechazan la industrialización. Esta modernización selectiva es esencial para la sociedad, incluso si eso significa que no están preparados militarmente para combatir contra sus vecinos que desean robarles sus recursos naturales. El lento proceso de aproximación de los rituales, de la forma de vida y de la comprensión de la existencia de esta apartada comunidad de personas es el hilo argumental que nos lleva a ver las cosas desde el punto de vista del periodista, al punto de vista del Rajá y al punto de vista de los palaneses. Lo que se presenta en La isla es el sendero de la cordura, que nace del conocimiento del uno mismo, de la ausencia de voluntad de dominio y del contemplar la aventura en este planeta.

Y por último hablar de Contrapunto. Ésta ha sido considerada, quizá, la obra maestra de Huxley si bien no tiene demasiado que ver con la Ciencia Ficción no puedo permitirme hablar de Huxley sin mencionar, aunque brevemente, una obra tan trascendente. Ante todo, se trata de un examen apasionado de la condición del hombre en el mundo moderno. Los personajes coinciden, discuten, se apartan, se reencuentran en una búsqueda interminable del significado de la vida y el auténtico destino del hombre. Un verdadero contrapunto de ideas, emociones, sentimientos, deseos y esperanzas. Huxley ha conseguido trasladar el contrapunto musical a la literatura mediante la alternancia de acciones simultáneas que avanzan en paralelo. El acabado es un cuadro de una sociedad que se desintegra en contradicciones irresolubles… Se trata de un libro muy complicado de comentar pero totalmente absorbente a la hora de leerlo, puedo asegurar que es una gran apuesta narrativa.

Después de esta largísima entrada sobre Aldous Huxley tengo que agradeceros vuestra generosa atención por haber llegado hasta aquí, y deciros que espero que quien no haya leído nada de él acabe por ver necesaria la lectura de parte de su obra.

domingo, 31 de agosto de 2008

De vuelta tras las vacaciones

¡Saludos lectores!

Ya vuelvo a estar en Barcelona, y no para dos días sino para quedarme. Éste verano ha sido poco fructífero en cuanto a libros se refiere, debido a mi ya comentado viaje a Cuba dónde estuve demasiado ocupada reteniendo en mi cerebro todas las imágenes y sensaciones que se me presentaban como para abrir un libro. Dicho sea de paso también tengo que achacarle las culpas de mi insatisfactoria lectura veraniega a los amenazantes, y ya próximos, exámenes de Setiembre que me obligaron durante mi, ya mucho más relajada, estancia en mi querido pueblo de Olmeda de Cobeta a hacer vida de ermitaña y a abrir otra clase de libros.

Con estas extensísimas disculpas quiero iniciar el tema para hablar sobre mis dos únicos, viudos y tristes títulos que he leído este verano que como bien creeréis todos ambos suceden en Cuba. El primero, que tubo el privilegio de ser prácticamente acabado durante el trayecto de ida y vuelta, fue Así en La Habana como en el cielo del escritor gallego J. J. Armas Marcelo. Marcelo coronándose co-protagonista narrador omnisciente y omnipresente de su novela, con una finísima narrativa impactante de la que cuesta unas páginas acabar de acostumbrarse y unos días acabar de desprenderse, nos muestra las más íntimas vivencias de La Tribu formada por personajes reales o imaginarios que se descubren y se esconden alternativamente a lo largo de los capítulos. Hiram Solar, el ingeniero negro también conocido como Harry debido a su gran parecido con el cantante Harry Belafonte, descendiente de esclavos, hijo trinitario que malvive en La Habana y sigue malviviendo en Miami. Pedro Infinito, viejo, verdadero lobo de mar, acompañante de las mil y una peripecias del gran escritor Ernest Hemingway, piloto del pilar, dueño y señor de las aventuras y desventuras de Papá pero convertido en atracción turística por su inacabable e insaciable verborrea. Petra Porter, ex modelo de París, Santera de pies a cabeza, bellísima mulata de cuerpo de gacela que busca renovarse yendo de cama en cama. Zeida Olivar, alias botellita de licor, pequeña, hermosa y redondita, figuraba ser la mejor bailarina de la habana, una segunda Alicia Alonso, pero ama al alcohol y odia a la Revolución. Cabeza Pulpo, un totalmente corrupto policía, enamorado hasta las trancas de la pequeña Zeida, desespera por acabar con Hiram Solar causante aparente de su accidente, es un loco de atar que toma por sus riendas la justicia, todo en nombre de la Revolución; patria o muerte, venceremos. En este entramado de anécdotas y vivencias que es la novela del gallego Marcelo cuesta sobremanera distinguir lo real de la ficción, pues en Cuba ambas van cogidas de la mano guiadas de la exageración. Una novela que cubanea, que se contonea, que te llama la atención llegando al punto culminante de la intriga cuando descubres que jamás volverás a estar así en La Habana, como en el cielo.

El segundo libro de este verano lo comencé en la Olmeda, un tanto inconscientemente ya que pensé que tendría tiempo de acabarlo. Ahora hablo de Tres lindas cubanas del escritor Mexicano Gonzalo Celorio. Un libro autobiográfico que puede parecer un puente entre México y Cuba, la tierra de sus mayores, pero que en realidad cuenta la historia de las hermanas Blasco Milián hijas de la colonización, emparentadas con ricos comerciantes del negocio de la piel, acostumbradas a una vida de disciplina rigurosa pero con todas las comodidades que el dinero ofrece, se ven separadas y enfrentadas por la Revolución. Es Celorio quien, con numerosos viajes realizados a La Habana a lo largo de treinta años, nos da cuenta de las diversas situaciones políticas que experimenta el país, de las distintas opiniones sociales al respeto, pero sobretodo del cambio que sufre el país a los ojos del visitante y de la transformación ideológica que él mismo sufre, él que está anclado a Cuba por su historia familiar, que sentía la revolución como propia, que para él Fidel era un héroe… Desde la fascinación al desencanto, hablando siempre desde el amor porque Cuba está en su corazón y su Corazón está en cuba, haciendo una aguda crítica al país sin caer en los tópicos. Pero también, y sobretodo, es un homenaje a muchos escritores cubanos; Carpentier, Lezama; Eliseo Diego, Dulce María Loynaz, Nicolás Guillén…

Espero que con estas dos escuetas divagaciones sobre mis libros del verano tengáis suficiente como para que os pique la curiosidad y haceros con un ejemplar de algunos de los dos, realmente reflejan mucho de lo que vi y escuché en estas lejanas y hermosísimas tierras caribeñas.

jueves, 17 de julio de 2008

La noche de San Juan

Saludos lectores,



Un día tuve un sueño, que me sorprendió por lo complicado que era y por la nitidez con la que recordaba algunos fragmentos al despertarme. Creí que era una historia curiosa y que quizá podría escribirla, lo hice. Luego se la di a mi abuelo para que la leyese, porque le gusta leer lo que escribo. Ya sabéis como son los abuelos con sus nietos, para ellos no existe nadie más perfecto. Pero me dijo, que hace tiempo, mucho tiempo leyó un libro dónde el caso y la solución planteada era muy similar y que hacía poco había vuelto a pensar en esa historia. Fue una casualidad asombrosa, el poder inimaginable del subconsciente ya que estoy segura que en algún momento de mi vida debió hablarme de tal libro, que ahora no recuerda su nombre ni su autor, y yo en un momento dado acabé soñando con la historia y quise rescribirla. A continuación os dejo mi escrito, con la esperanza de que alguien se lo lea, recuerde la novela y me pueda dar la reseña:

Francisco Serra Pintado falleció la noche de San Juan de 2008. Lo encontraron en su casa, sentado en el sillón frente a la ventana de la buhardilla. Presentaba un disparo en la sien, un abrecartas clavado directamente al corazón y olía a almendras amargas. Serra era oncólogo en el Hospital Clínico, aparentemente no tenía enemigos ni negligencias medicas conocidas, era buen médico y buena persona. Sus amigos le querían y sus conocidos le deseaban el bien. Por eso causó un estrépito importante el hecho que apareciese muerto de un día para otro y nada más ni nada menos que asesinado de tres maneras diferentes a la vez. Por lo extraño del caso, las autoridades mandaron como encargado al policía que creían más apto; Ramón Torrequebrada. Era un hombretón grande como un armario, de aspecto brusco y expresión severa. Sin embargo, también era conocido por su gran sentido del humor, por su sensibilidad sin par, por su amor incondicional hacia los gatos y por su estúpida afición de devorar lecturas policíacas.

Visto el panorama que ofrecía el escenario del crimen, parecía que Serra hubiese estado pacientemente esperando su muerte. Sentado, solo, en su sillón observando los fuegos artificiales desde la ventana de la buhardilla. Celebrando San Juan consigo mismo. Torrequebrada comenzó por enviar el cuerpo a los forenses para dictaminar cual de las tres era la causa de la muerte, y continuó por estrujarse el cerebro intentando adivinar que motivos podría tener alguien para matar de tres maneras distintas al mismo hombre.

Al poco tiempo de estar de vuelta, en su despacho, el teléfono comenzó a sonar estrepitosamente. Una vocecilla temblorosa, de mujer asustada le confesó en un susurro el asesinato del señor Serra. Concertó una cita con ella y, cinco minutos antes de la hora exacta, la encontró sumisamente sentada en el banco de la entrada. Carlota Saavedra, apenas llegaría a los 20 años, estudiaba farmacia en la Universidad de Barcelona, era bajita, delgada, morena y de mirada extraviada. Cada sonido que salía de sus labios, se transformaba en una convulsión de todo su cuerpo, la corroía la culpabilidad. Torrequebrada, al mirarla, sentía que ella era incapaz de hacer daño a nadie, y menos de matar a un hombre de una manera tan cruel. Durante su reunión volvió a sonar el teléfono del despacho, era Gerardo del Castillo que también se confesaba culpable de la muerte del Serra. A los diez minutos tenía a ambos sospechosos sentados en el despacho y ya empezaba a vislumbrar la sucesión de los hechos, Carlota era cómplice y Gerardo el brazo asesino. Gerardo del Castillo era un hombre de mediana edad que trabajaba en la oficina de correos, a primera vista parecía no tener ningún rasgo excesivamente característico. Era castaño, de ojos oscuros con ojeras permanentes, llevaba la barba mal afeitada y le sudaban las manos. Torrequebrada comenzó a exponer su teoría cuando volvió a verse interrumpido por el sonido del teléfono. Ahora se trataba de Tomás Santamaría que, como los otros dos, confesaba ser autor del asesinato del oncólogo. Santamaría era un hombre repulsivo, bajito, barrigón, de pelo grasiento y de un rubio sucio. Le faltaba un diente y no tenía intención de aparecer por la consulta de ningún dentista, escupía al hablar y su aliento apestaba a tabaco barato.

Tras un rato de hablar con ellos Torrequebrada descubrió que ninguno de los tres se conocía, eran tres desconocidos que habían decidido matar al mismo hombre la misma noche de San Juan. Torrequebrada encendió un cigarrillo y empezó a escuchar pacientemente sus declaraciones:

- Hacía ya un tiempo que Francisco y yo nos veíamos. Al principio a mi él ni siquiera me gustaba, pero ya sabe a veces las cosas van como van y una se ve en medio de un torbellino que no sabe hacia dónde gira, ni hacia dónde va, ni cuando parará. Y Francisco era así, me quería a mí porque soy joven y medio estúpida, pero él seguía amando a su mujer. ¿Usted sabe lo duro que es competir con una muerta? Perderla fue lo peor que le pudo pasar, ella le entendía era una mujer fuerte y vigorosa, alta esbelta, rubia…perfecta. Y yo solo ganaba porque estaba viva, solo por eso. Estoy segura que él ni siquiera me quería, ni tan solo un poco… Peor me engañó, a su manera claro, quizá ni se dio cuenta que estaba conmigo por estar con alguien, porque era fácil, barato y no tenía que dar explicaciones a nadie. Eso es lo bueno de los secretos ¿sabe? Como lo nuestro estaba mal visto nadie podía saberlo, y es tan fácil mentir…mucho más de lo que parece. Yo no había mentido nunca, hasta que conocí a Francisco, entonces todo el mundo creyó que me había apuntado a clases de Francés. ¿Francés yo? Menuda estupidez, realmente no se porqué me creyeron, si a mi las lenguas se me dan más que mal…Pero bueno, allí estaba yo mintiendo una vez, y otra y otra hasta que me enamoré de Francisco. Yo se lo dije, porque soy así y porque ya estaba harta de secretos y mentiras, le dije que me había enamorado y que me daba igual que lo supiese la gente, que no quería secretos. ¿Y sabe usted lo que me dijo, lo sabe? Pues se rió de mi, se rió con ganas y me dio dinero “anda, ve y cómprate cosas bonitas. Ya sabes que dinero todo el que quieras”. Eso, eso me dijo… Claro, pero usted es hombre y no sabe lo que se puede sentir cuando te dicen eso. Y de pronto me di cuenta de mi situación, que yo estaba sola y que el único hombre al que había amado en mi vida en realidad, no valía ni el mendrugo de pan más duro del mundo. Pero usted sabe que contra el amor no se puede luchar, y bien yo seguía amándole en silencio. Decidí no volver a verle nunca, porque no podía soportarle le odiaba y le amaba a la vez. No se si nunca ha tenido esa sensación….pero yo ya no podía más, no podía soportar saber que existía, que vivía ni recibir mensajes suyos. No podía, era superior a mis fuerzas… Así que me decidí a matarle, en realidad le estaba haciendo un favor. Porque él no quería vivir, lo único que quería era a su mujer y ella estaba muerta, ¡MUERTA! Pues, no me fue demasiado difícil robar cianuro del laboratorio de la universidad, parece mentira pero realmente fue fácil… quien me lo iba a decir. Al principio todo era una ficción en mi cerebro, era como la justiciera. Yo…yo siempre he sido muy parada ¿sabe? Siempre he hecho todo aquello que querían que hiciese, siempre he sido la hija sumisa, la amiga confidente, la alumna aplicada, la amante callada…y, ya no podía más y le maté. Si, le maté. Le puse cianuro en el café como en los libros y en las películas, su muerte al menos sería digna de mención saldría en los periódicos como salió la de su mujer ¿recuerda? María Oleguer, pianista tuvo un accidente de tráfico y perdió la mano derecha. Ya no podía volver a tocar y a los pocos días, a pesar de estar estable murió de repente. Dicen que fue de pena, pero yo creo que Francisco la mató. Porque él era así, un romántico empedernido. Sabía que su mujer, la que el conocía, de la que se enamoró había muerto al perder su mano… ¿Cómo puede sobreponerse una pianista a la pérdida de su mano … no podría volver a tocar ¿comprende? Por eso estoy segura que la mató, pero él era médico y sabía como hacerlo para que nadie se diese cuenta. Y….yo quería matarle a él, por raciones viscerales, egoístas y ridículas frente a la sublime muestra de amor que él le dedicó a su mujer. Ni en eso pude compararme a ella, yo… soy así, soy una asesina…

- Yo…bueno, yo apenas conocía al señor Serra. Bueno, en realidad él no me conocía a mí. Yo era su cartero, le llevaba las cartas cada día. Recibía muchas postales ¿sabe? Cada semana alguna, de cualquier parte del mundo pero siempre con matasellos de Barcelona. Era extraño pero aún era más extraño lo que decían las cartas… lo, lo acusaban de la muerte de una mujer. Decía que le había inyectado potasio mientras estaba en el hospital, convaleciente, y que por eso había muerto pero que todo el mundo lo atribuyó al accidente que había sufrido poco antes. Todas, todas las postales decían lo mismo, lo acusaban y le advertían, le decían que tarde o temprano saldría a la luz…que un asesino jamás queda libre ya sea por la justicia o, a falta de ella, por la toma de la justicia por parte de alguien. Yo…bueno, me sentía mal llevándole ese tipo de cartas cada semana, y bueno al final acabé por quedármelas yo, al fin y al cabo el las tiraba a la papelera más cercana en cuanto las recibía y a mi me intrigaban. Creía que le hacía un favor ¿sabe? Yo, pensaba que todo era una broma de mal gusto, que ese pobre hombre era un médico honrado que lo le había hecho daño a nadie. Pero…luego me enteré de la muerte repentina de su mujer, de lo que acaba de hablar ella. Y bueno, ligué cabos o creí hacerlo. Pero me convencí a mi mismo de que en realidad, Serra no era un buen hombre, que había acabado con la vida de su mujer. Bueno… ¿Usted ha visto la ventana indiscreta? ¿De Hitchcock? Bueno pues hice algo parecido, me dediqué a espiarle. Y entonces me enteré de su lío con esta señorita, y yo estaba bastante en contra y acabe temiendo por su vida. Ella es tan joven… y él era mucho mayor que ella y…yo, yo estaba convencido de que había matado a su mujer ¿sabe? No, no podía estar tranquilo sabiendo eso. Ve, ¿ve estas ojeras? Casi no he dormido, hace por lo menos un mes que no duermo una noche seguida, me despierto viendo el asesinato de esta mujer, una y otra vez y….en fin, decidí ir a hablar con Serra. Cuando le mostré las postales que había estado quedándome y le confesé que sabía lo suyo con una estudiante, montó en cólera, me derramó el café encima y se abalanzó sobre mí. Salí corriendo de allí, pero volví por la noche. Él estaba sentado en su sillón y cuando quiso darse cuenta lo había inmovilizado y le clavé el abrecartas. Lo maté, lo maté con su propio abrecartas sin razón para hacerlo, porque no puedo probar que él matase a su mujer… yo, yo…fue, irreflexivo, lo hice sin pensar. Estaba poseído… Jamás le he hecho daño a nadie, nunca, ni siquiera me pegué en la escuela. No, nos e porqué lo hice.

- Bueno, lo primero que tengo que decir es que yo no hice nada por sensiblería estúpida. Yo maté a Serra a conciencia, a sangre fría y con premeditación. Fui a su casa la noche de San Juan y le pegué un tiro en los sesos así… ¡PUM! Total a mí me daba igual si moría al instante o se desangraba, era un tipo que me caía mal. Y además lo maté por la espalda, cobardemente si quiere. Pero lo maté yo, estoy seguro. En realidad a mi me daba igual que hubiese matado a su mujer o que tuviese una relación con una pánfila… pero él tenía dinero, yo lo sabía porque salió en los periódicos cuando murió la pianista. Así que me dediqué a hacerle chantaje. Le enviaba millones de postales diciendo que sabía lo del asesinato de su mujer, porque perdóneme pero la policía hizo un trabajo pésimo. A ver, dígame como puede ser que nosotros tres cada uno por su cuenta supiese que la mujer de Serra fue asesinada por su propio marido y no hubieses hecho nada al respecto… ¡bah! Da vergüenza este país… No, no se enfade conmigo, que pronto podrá arrestarme, meterme en la cárcel y dejar que me pudra ahí. Lo que yo quería era su dinero, nada de justicia total a mí que me importa. Y además de las postales que el estúpido este de correos se dedicaba a interceptar, le enviaba cartas y e-mails pidiéndole dinero. El dinero tampoco era para mi, que soy mala gente, ya lo se, pero tengo familia también. Y a ellos no les meta en esto, que no saben nada. Yo quería su dinero porque me estoy muriendo. Tengo cáncer de pulmón y me quedan menos de dos meses, pero no tengo mucho dinero y mi mujer no gana demasiado tampoco. Yo quería que mis hijos estudiasen una carrera, porque el mayor no, pero la pequeña es brillante ¡Brillante! Ella quiere ser música, pero de eso no se vive…pero le gusta, toca el piano y su profesora dice que es buena y idolatraba a María Oleguer. Aspiraba a ser como ella, y casi se me muere la niña al leer la noticia de su muerte. Por eso, porque ella estaba como obsesionada por esa mujer me enteré de todo, porque a ver yo leer lo que se dice leer como que no, ni periódicos, ni nada. Que no tengo tiempo vamos, ni me gusta para que nos vamos a engañar pero yo soy tonto y mis hijos no lo son, ellos tenían que estudiar pero tenemos poco dinero y si yo me muero pues aún vamos a tener menos. Yo, yo quería el dinero del mamón este del médico para salvar a mis hijos. El mató a su mujer y mi hija lo sintió como si se hubiese muerto su hermana…así que en cierto modo me lo debía. Pero si no quiere verlo así no lo vea, lo maté por dinero y listo. Pero el muy cabrón no me dio el dinero, no señor, tubo que hacerme la jugarreta de darme un cheque ¡un cheque! Y encima sin fondos. Yo quería eso de las pelis, un maletín y dinero y punto. Pero nada, que no le entraba en la cabeza, decía no sequé de que sería muy sospechoso. ¿Y a mi qué? Joder, que yo solo quería la pasta. Bueno, al final lo maté porque me hartó, y me quedé así sin ver un billete. Pero no me van a meter en la cárcel, porque me estoy a punto de morir y si me mete me muero ahí que ya ve lo que a mi me importa. Que más da morirse en un sitio que en otro, peor lo que no quiero es que arreste a estos dos, que no les conozco pero me recuerdan a mis hijos. Y además que yo dejé mil pruebas en la sala, y acabarían por pillarme. Si ya me había hecho a la idea…pero bueno, vi en la tele a estos dos idiotas y tuve que venir. Ya me dirá usted, ¿no habría hecho lo mismo?

Poco después Torrequebrada recibió la llamada del forense, Serra había muerto por paro cardíaco. Muerte natural, tres intentos de asesinato pero el doctor murió por causas naturales. Sin duda estaba destinado a morir la noche de San Juan.

Junio 2008


miércoles, 9 de julio de 2008

Nuestro hombre en la habana

Saludos lectores,

Debido a mi futuro, pero próximo, viaje a Cuba, estoy haciendo recopilación de novelas que sucedan en este país. Es una manía como cualquier otra el querer ambientar mi mente hacia un lugar, por ahora, desconocido para mi queriéndome acercar antes de tiempo a base de literatura y películas. Normalmente consigo varias reseñas de libros interesantes de mano de amigos y familiares, pero este año no debo haberme esmerado lo suficiente pues han sido pocos los títulos que han llegado a mis oídos y cada vez estoy más cerca de mi partida hacia el Caribe. Así, que parte del interés de esta entrada consiste en preguntaros a vosotros, lectores, si conocéis cualquier libro que suceda en Cuba y si seríais tan amables de compartirlo conmigo.

De momento he conseguido tener entre mis manos el libro que da título a esta entrada, Nuestro hombre en la habana de Graham Greene. El año pasado leí otro famoso libro del mismo autor, El americano impasible éste transcurre en Vietnam recreando parte de la guerra a través de los ojos de un corresponsal británico con pocas ambiciones. Tengo que decir que la novela es altamente recomendable del mismo modo que las películas homónimas con Joseph Leo Mankiewicz como director en la primera versión cinematográfica y con Phillip Noyce en la segunda versión del 2002. Debido al éxito meramente personal que obtuve al leer este libro dudé poco en hacerme con Nuestro hombre en la habana y devorarlo bajo el sol veraniego de las playas de Barcelona. Si el primer libro que leí de Greene me gustó el segundo me ha encantado, pero ambos son completamente distintos e incomparables.

Nuestro hombre en la habana ofrece una lectura fresca y rápida mostrándonos la vida de Jim Wormold, un expatriado inglés residente en la Habana durante los últimos años de la dictadura de Batista. Se trata de un simple vendedor de aspiradoras cuya máxima preocupación en la vida es la felicidad de su beata hija, Milly, que de modo totalmente fortuito y ajeno a sus planes de vida acaba por convertirse en espía del servicio secreto británico para costearle los estudios. Su vocación como espía es nula y como apenas dispone de medios inicia una farsa enviando falsos informes y creando subagentes imaginarios, entre otras cosas envía a Londres planos de sus propias aspiradoras haciéndolos pasar por armas tan poderosas como las bombas H. Dicha farsa acaba por convertirle en un espía muy bien considerado por sus superiores, el desenlace de la obra inicia cuando Wormold se encuentra totalmente sumergido en la realidad de su farsa revelando oscuros secretos del servicio de información y poniendo al descubierto los últimos resortes del comportamiento humano frente a situaciones límite. Según mi opinión, si este verano tenéis la oportunidad de leer este libro hacedlo porque os aseguro que va a gustaros.

Otro título que he conseguido es El viejo y el mar de Ernest Hemingway pero de esta novela aún no me veo capacitada para hablar, tendré que leérmela y meditarla antes de iniciar una entrada hablando de Heminguay, Cuba y su obra. Para ello, seguramente espere a la vuelta de mi viaje cuando haya podido ver con mis propios ojos su casa y sus tabernas favoritas.